Yo nunca he sido una persona demasiado liberal, sino más bien tradicional. Nunca me han atraído prácticas sexuales extremas como trios u orgías... En los contactos sexuales soy más bien una persona tranquila, aburrida quizás. Hasta hace unas semanas, cuando conocí a mi nueva novia. Coincidimos en una fiesta que organizaba mi amigo Álex con motivo de su nuevo apartamento. Estas fiestas son perfectas para ligar y conocer gente nueva, y por eso fuí sin pensármelo dos veces si quiera. La fiesta estuvo muy animada y la gente estaba de muy buen humor. Conocí mucha gente y lo pasé muy bien, pero fué justo la final, antes de irme a casa, cuando coincidí con ella, con Raquel. Me gustó desde el primer momento, sobre todos sus ojos, de color aguamarina. Estuvimos charlando y le pedí el número de telefóno. Tardé dos días en proponerle quedar de nuevo para vernos. Ella estaba de acuerdo.
Comenzamos a vernos y lo pasábamos muy bien juntos. Pero a los dos meses de comenzar a salir, me soltó la bomba. Yo era soltero y libre, y podía hacer lo que quisiera, pero ella, no, tenía una relación con un chico desde hacía cinco años. Yo me quedé hecho polvo. Pero a después de unos días, recapacité. Bueno, quizás ellos eran una de esas parejas liberales abiertas, que no se preocupan si el otro tiene sexo con otras personas, yo era libre y no tenía ninguna responsabilidad con nadie, por eso, si para ella estaba bien esa situación, para mi también.
Ella me comentó que lo había hablado con su novio, y no tenía ningún problema en que ella tenga relaciones esporádicas con otros chicos. Nunca llegamos a encontrarnos los tres, pero era una sensación rara, el saber que mi chica se veía dos o tres veces al mes con otro hombre. Bueno, es cuestión de acostumbrarse.
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